At Sea (Hutton, 2007)

2 08 2010

Una película que juega con el aburrimiento, que lo convoca, que lo sugiere, como también una película que nos está despertando constantemente. Y así, durmiéndonos y despertándonos, logra producir una suerte de sonambulismo poético. Remite a esa sensación de entresueño, cuando nos despertamos muy temprano por la mañana y todavía no es hora de desvelarse del todo. Nos mantenemos postrados en la cama. Presentimos que, si nos levantamos y nos despabilamos, el recuerdo de nuestro último sueño, del que nos acabamos de escapar, se esfumará. Entonces seguimos tirados debajo de nuestras sábanas, despiertos pero aún contemplando las imagines que hace unos minutos eran toda nuestra realidad. Hutton filma el nacimiento, la vida y la muerte de un barco de carga. Probablemente sean varios barcos los que llamen la atención de la cámara, compilados como si fuera uno solo. No hay mucho más que decir sobre la trama. El cine vanguardista no se caracteriza por contar historias. Se posiciona en las antípodas del cine convencional. Lo que no le garantiza la superioridad. Pero sí tiende a lograr algo que yo intuyo importante, al menos cuando es exitoso: al no incluir una trama, al no tener un libreto, al no contar con personajes, y al no producir una banda sonora, como es el caso de este film y de otras como los de Stan Brakhage, lo único que queda son las imágenes. Y es por esta razón que muchas veces lo más interesante que hay en cine visual pertenece al vanguardismo.

Ahora, este enfoque estético no tiene por qué ser una forma de gimnasia o pajeada artística. Todavía no encontré una película vanguardista que considere buena por el mero hecho de su experimentación técnica. Si me gusta, es por otra razón, por mi reacción ante las imágenes. A veces el contenido de esta reacción es bastante fácil de explicar. Hablemos sobre Outer Space de Peter Tscherkassky. Podemos referirnos a muchas cosas, podemos platicar sobre la deconstrucción del cine de horror, sobre el feminismo, sobre la relación entre la heroína y el observador masculino detrás de la cámara, sobre el fin y el comienzo del cine, sobre un montón de cosas que no son inmediatamente aparentes luego de ver los diez minutos que dura Outer Space. Pero también podemos referirnos a algo mucho mas simple y visceral: al profundo pavor que inspira la película, mientras nuestra heroína intenta sobrevivir en una casa y en un rollo de celuloide que amenazan con devorarla. Como esta pequeña sinopsis tendría que dar a entender, no todas las película vanguardistas son iguales. Outer Space rompe con todas mis pseudo-reglas: cuenta con un personaje, incluye una trama, tiene algunos trozos de dialogo y hasta produce una espeluznante banda sonora: el aterrador sonido emitido por la destrucción del celuloide, que equivale al mundo en el que se mueve la heroína. Me auto-corrijo: no hay reglas y hay películas vanguardistas que prestan más atención al libreto que al trabajo visual. De todos modos, y tanto Outer Space como At Sea comparten lo próximo, lo que me interesa del cine vanguardista es justamente el trabajo visual, la obsesión visual. Outer Space toma un film preexistente, The Entity de Sidney J. Furie, y reordena sus imágenes — las explota, las destruye, las despedaza. Y esto evoca sentimientos de pánico. Nos sentimos tan alienados y espantados como la heroína, a medida que la pantalla se desintegra, llevándose a ella y a nosotros hacia el abismo.

Outer Space nos emociona casi como lo hace Hollywood, es decir, con imágenes emocionantes, aunque Tscherkassky no solo agrega temáticas que el cine comercial nunca tocaría, sino que construye una atmósfera esquizofrénica y opresiva a través de una técnica muy particular, si bien hay ecos de Man Ray. Resumiendo, si uno busca sentir lo que nos hace sentir Tscherkassky, conviene ver algo de Tscherkassky. Hay aspectos sutiles en su cine. Pero también hay aspectos que son inmediatamente gratificantes y que solo una estética alejada de lo convencional podría convidarnos. Por otro lado, hay un cine vanguardista (talvez no habría que mencionar más al cine vanguardista como si fuera un género, ya que esta etiqueta agrupa filmes tan dispares que el término me parece flojo, flojísimo) mas callado, en todo sentido de la palabra. No quiero dar un panorama del cine vanguardista. Aunque quisiera, no lo podría dibujar. Soy un neófito del cine vanguardista. Se nota. Lo único que quiero decir es que, por un lado, el territorio monstruosamente vasto que abarca el cine vanguardista nos puede dar Outer Space, y por otro lado, nos puede dar At Sea. Estas dos ofertas no se asemejan en absoluto, excepto en el sentido que están en oposición al cine convencional. Y este sentido, quizás, merezca algunas palabras. Si solo conocemos el blanco y el negro, entonces el rojo y el azul se mezclarán, porque ambos colores serán igualmente diferentes a la duocromía que moldeó nuestro gusto durante tanto tiempo. No tengo más palabras que decir sobre ello. Alguien que sepa más seguirá el discurso. No es un tema muy divertido.

Vuelvo, retomo el camino. Quiero comparar Outer Space y At Sea. Siendo tan diferentes, el énfasis en ambos casos está igualmente puesto en las imágenes. ¡Pero hay tantas formas de relacionarnos con las imágenes! Tscherkassky y Hutton postulan dos. Ya hablé de Tscherkassky. Vayamos a Hutton: las imágenes no nos atrapan. No son feroces, como las del austríaco. No nos envuelven. Lo que hacen las imágenes de Hutton es esperarnos. Miran desde una distancia, descubren detalles y coincidencias geométricas, admiran la inmensidad del barco, la infinitud del océano, la inmensidad y la infinitud de la construcción y destrucción del barco. Es una harmonía de cuerpos y figuras. Hay que tener la sensibilidad y la paciencia para apreciar At Sea. Los que la puedan apreciar no serán necesariamente mejores cinéfilos. Pero estos contados admiradores sí podrán acceder a un gustito de lo sublime. Hay diversos gustitos. Este es humildemente uno de ellos.

At Sea es aburrida. Me explico: el aburrimiento que engendra es un aburrimiento orgásmico. No lo hace consistentemente. Hay lapsos en la cintura de la película que me son simplemente aburridos, sin orgasmos ni cosquilleos preliminares. Por eso no me enamoré de la película. Pero avisté el contorno de un futuro enamoramiento. ¿Que es esto del aburrimiento orgásmico? Podemos decir que es un flotar maravilloso. No es precisamente aburrimiento, porque lo cierto es que nuestro cerebro está bastante estimulado. O sea, lo de aburrimiento es un decir. El aburrimiento orgásmico empieza como un aburrimiento, hasta que de pronto ya no estamos aburridos. La película ha logrado cortar con nuestros anclajes, con nuestra impaciente expectativa de lo que se supone que debemos ver cuando vemos un film. Flotamos, entonces.

Cuando éramos niños, todo era fascinante. Aquella era la fascinación de lo desconocido. Cada objeto, superficie o edificio era nuevo y seductor. Podíamos examinar cualquier cosa durante horas y horas. Después los años le fueron otorgando a cada objeto, cada superficie y cada edificio una definición estricta. Logramos acostumbrarnos a las cosas que antaño nos habían maravillado. Nuestro aburrimiento orgásmico puede devolverle a las cosas su capacidad de sorpresa. La cámara nos inmoviliza en un calabozo con una solitaria ventanita que mira hacia un patio ordinario. Luego de una semana, el patio comienza a exhibir sus riquezas: graffiti en una pared, un gato siamés que se ha escabullido dentro de la prisión y que deambula como un prisionero más, un arbolito que posee un encanto indescriptible a pesar de (o gracias a) su desgarbada pose. El aburrimiento orgásmico libera nuestros ojos. Viajamos sobre la imagen. Y es en este viaje donde nos vinculamos íntimamente con la imagen recorrida.

Las cosas pueden recobrar su sorpresa de otra manera. Por ejemplo, la cámara puede examinar aquellas cosas desde un punto de vista deslumbrante o inusual. También puede examinar aquellas cosas interminablemente. Pienso en Side/Walk/Shuttle de Ernie Gehr. Fue concebida a partir de recursos paupérrimos. Una cámara de 16mm sube y baja por un ascensor de vidrio que trepa por afuera del Hotel Fairmont en San Francisco. Gehr decidió prescindir del permiso requerido para filmar en ese lugar, así que introdujo su cámara en el ascensor a hurtadillas. Subimos, bajamos, vemos los edificios vecinos, espiamos algunos transeúntes. Luego empiezan las transformaciones, que tampoco son muy estrambóticas: la imagen se da vuelta, los pies a la cabeza, el cielo al pavimento. Técnicamente, de lo más crudo. Pero hay revelaciones estéticas: uno de los edificios vecinos parece caer ante nosotros, caer al vacío del cielo celeste, perderse como un barco que se hunde en lo más profundo del Atlántico. Los edificios son nuevamente sorprendentes. Hutton hace lo suyo con sus propios barcos. Son tan apabullantemente gigantescos, tan grotescos. Los obreros parecen hormigas al lado de las enormes hélices. Uno de los barcos vuela por el cielo, por sobre la maquinaria industrial de la fábrica, sostenida por hilos insólitos. Imágenes que nunca pensamos ver, imágenes que tendrían que estar equivocadas. ¿Como un barco volando? ¿Como un grupo de hombres al lado de aquella hélice que debería estar sumergida? No lo entendemos. Hasta el agua se renueva ante nuestros ojos. El océano resplandeciente brilla como una cueva de diamantes. Un paisaje abstracto, pero es de lo más cotidiano: agua iluminada por la luna. En todos estos casos, volvemos a la niñez. Hay en esto algún mensaje, creo yo: nuestras definiciones se caen fácilmente. Das vuelta una imagen, subís un ascensor, visitas una fábrica constructora de barcos y ya está, listo. No entendemos más nada. Vuelta a empezar, a redescubrir, a reaprender.

Termino con un trozo de Poética del Cine por el director chileno Raúl Ruiz. Allá por el mundo le dicen Raoul porque se radicó en Francia. Pero nosotros sabemos que es Raúl.

“Es posible entonces que el aburrimiento sea una buena cosa. Pero, ¿de que aburrimiento se trata? Tomemos un ejemplo clásico: pasada la cuarentena, muchos seres humanos que rehúsan los somníferos se despiertan a medianoche o hacia las cuatro de la mañana. La mayor parte se entrega gustosa a dos actividades: recordar sucesos pasados y pensar en lo que tiene que hacer a1 día siguiente. En dialecto milanés hay una palabra para describir la primera de estas actividades: calendare. Pero llega también un momento en el que los sucesos pasados y por pasar se agitan, se activan provocando una suerte de tensión eléctrica. (…) Si propongo esta modesta defensa del aburrimiento, es justamente porque las películas que me interesan provocan a veces algo parecido. Digamos que poseen una elevada calidad de aburrimiento. Aquellos de ustedes que han visto películas de Snow, Ozu o Tarkovsky, saben de que estoy hablando”.

Elevada calidad de aburrimiento o aburrimiento orgásmico. Añado el argumento de Ruiz a los que ya postulé: el aburrimiento orgásmico como una sopa agitada donde alborota nuestro pasado, presente y futuro. Es posible que en aquel viaje donde recorremos la imagen terminemos encontrándonos a nosotros mismos, acurrucados en algún agujerito que gotea memorias.

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